Autor y escritor:
HUGO BARRAGÁN ORTÍZ.
Tema:"EL MAESTRO MALO"
Tuve en mi niñez, un maestro malo, muy malo. Me exigía llegar temprano a la escuela, quizá él no tenía que hacer, pues siempre llegaba antes que todos nosotros.
Además era muy estricto al pretender que todos fuésemos a la escuela muy pulcros, como si esto fuera fácil después de jugar todo el día.
Lo peor es que pretendía que todo lo que nos enseñaba y que además era mucho, lo aprenderíamos bien y rápido. El sabía mucho porque era viejo y no tenía otra cosa que hacer más que leer y estudiar.
Era muy impositivo, nos imponía tareas que para cumplirlas debíamos dedicarle mucho tiempo, que se nos restaba en nuestros juegos y diversiones.
Además era chismoso, todo lo que hacíamos de travesuras se lo contaba a la directora y aun se atrevía a comentarlo con nuestros padres.
Tampoco nos permitía jugar dentro del salón de clases, decía que para eso estaba el recreo, pero solo nos concedía como veinte minutos a lo máximo y quería que jugásemos sin golpear a los compañeros, que no jalásemos el pelo a las niñas y que no nos burlásemos de ellas. Que no ensuciáramos nuestra ropa y que no escandalizáramos; además que nos formásemos de inmediato al escuchar la campana que ponía fin a nuestro descanso.
Nunca nos dio el gusto de faltar un día a su labor, pensaba que como él, nosotros queríamos estar siempre en la escuela.
Muy seguido nos asustaba con que si no estudiábamos, nos iba a reprobar
Nunca nos pegó, pero siempre nos tenía amenazados con una regla o con una vara con las que preteztaba que señalaba en el pizarrón lo que quería que atendiéramos.
También era metiche y curioso, pues nos revisaba la cabeza, los ojos, los oídos, las uñas, los dientes, los zapatos.
Siempre nos estaba vigilando, que no molestáramos a nuestros compañeros, que no les robáramos o escondiéramos sus útiles y que no los distrajéramos. Que no silbásemos dentro del salón y muchos menos que peleáramos.
En cambio nos hacía cantar el Himno Nacional y unas canciones insulzas que quien sabe en donde aprendió.
Pasó el tiempo, terminó mi niñez, fui joven y adulto y terminé siendo profesor, pensé que la mejor manera de llegar a ser un verdadero maestro era imitar al que califiqué como "maestro malo", pues reconocí que por el contrario él si era un verdadero maestro y acepté con pena que yo solo era un humilde profesor, no como un gran maestro como el que tuve y que ahora reconozco y admiro.
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